¿Cuanto vale una idea?

Una idea para un probable negocio no vale nada, es solo un pensamiento, una conjetura, no es más que una serie de impulsos eléctricos en la cabeza. Eso es todo lo que significa la “idea” en términos de valor, aunque es frecuente encontrar quienes dicen tener una extraordinaria idea de negocios, que supuestamente tiene un valor infinito, que lo que se les ha ocurrido es la solución comercial del siglo, algo único, incomparable, con lo cual transformaran todo lo existente  dejando en la obsolescencia cualquier otro concepto hasta el momento.

Lo que realmente tiene un valor es el desarrollo de una idea de negocios con éxito, la cual, cuando se tiene, todavía está por demostrarse con capacidad, esfuerzo, manejo de la oportunidad e inteligencia. Una idea debe trabajarse, demostrarse y ejecutarse para hacerla realidad en cuanto a lo que un negocio se refiere. Eso es lo que le va dando valor.

Cuanto antes se entienda esto, antes se podrán dejar atrás los planteamientos preconcebidos sobre lo que es desarrollar un nuevo negocio y el valor de que tiene una idea, para ponerse a trabajar. Hay que ubicarse en el hecho de que la distancia que separa una idea de un negocio de éxito es muy grande y el camino está plagado de dificultades y esfuerzos. Pero aun así existen cientos de supuestos grandes visionarios que se lamentan amargamente mientras recuerdan que la empresa ABCDE, ahora con una cotización millonaria en bolsa, les robó una supuesta brillante idea que se les había ocurrido.

Es frecuente escuchar una misma idea de negocio varias veces, planteada de formas radicalmente diferentes, enfocadas a segmentos opuestos y con modelos de negocios divergentes, y sin embargo, la idea desarrollada, que era la misma termina generando diferentes negocios rentables y hasta distintos en enfoque  ¿Pero por qué ocurre esto?

Porque tener una idea es fácil, todo el mundo las tiene e incluso las concluye por errores de otros o como suma de lo que desarrollan terceros, o por derivación de experiencias previas y probablemente la idea que se tiene no sea ni siquiera original. Lo que realmente la hace diferente es cómo se diseña en concreto su desarrollo, lo complicado es llevarla a la práctica, lo que requiere importantes dosis de determinación, persistencia, compromiso, capacidad,  dedicación y confianza, a lo que se agregan aspectos financieros, de mercado, comunicacionales, organizacionales y operativos, sin contar el manejo de los riesgos naturales que el entorno particular condiciona en todo desarrollo de negocios.

En ese camino de transformación de la idea al negocio hay que tener presente que la resilencia y la resistencia a la frustración, deben convertirse en compañeras permanentes, porque se van a sufrir embates. Lo importante es que cuando se falle y se reciban los respectivos golpes que todo emprendedor sufre, hay que levantarse rápido, para que sobre todo,  sean golpes baratos y tempranos de bajo costo anímico y económico. Y es que una idea tiene valor dependiendo de en qué etapa de su desarrollo como negocio está en su demostración concreta de valor.

Pero, entonces… ¿Mi idea no tiene valor?

Vamos a verlo en el caso más sencillo para no meternos en aspectos filosóficos sobre lo que es “el valor”: hablemos del valor monetario, del dinero, dado que estamos tratando en el plano de los negocios, y para ello nada mejor que plantear dos escenarios auto explicativos para presentarlos a un inversionista que valoraría “la idea”:

Planteamiento 1: Invierte en mi idea:

Suponiendo que se encuentre a alguien lo suficientemente motivado como para escuchar acerca de la “idea” ¿Qué le vas a decir cuando te pregunte cuánto vale? ¿$ 10.000? ¿$ 100.000? ¿$ 1.000.000? cuando les respondas el supuesto valor, la siguiente pregunta que te hará es ¿Por qué vale eso? Y una vez que te hayan bajado al piso tus pretensiones basadas en nada concreto, te ofrecerán una cantidad mínima a cambio de un porcentaje importante de tu empresa, o más bien de tú idea que no has demostrado con un valor concreto, sino con una cifra ocurrente.

Planteamiento 2: Invierte en mi empresa:

Tengo una empresa constituida hace poco, en la que ya hemos creado el servicio A  y los productos B, C y D que ya han pre-comprado y reconocido como valioso 5 probables clientes y que tiene unas perspectivas de crecimiento de XX% en los mercados Z, Y. Estas perspectivas se basan en las previsiones comprobadas con estos clientes, y que serán ejecutadas por éste equipo capacitado para atender esos mercados que tienen estas dimensiones, donde además destacamos sobre los competidores por estas razones. En este escenario, la discusión será en base a estimaciones, cuantificables y valorables de forma más o menos objetiva.

¿En cuál de las dos situaciones la “idea” vale más?  La respuesta es obvia y se sitúa en lo que significa aclarar lo concreto en cuanto a objetivos hacia las realidades o a la aproximación a ella.

Una idea para los negocios va adquiriendo valor en la medida en que se va armando como un concepto, en base a definiciones y alcances comerciales relacionados con valores definidos de inversiones, producto y costos para llevarla a un mercado consumidor estimado y transformarla en un negocio, viable y rentable.  Mientras eso no ocurra, una idea no vale nada, absolutamente nada.

Una idea para los negocios va adquiriendo valor en la medida en que se va armando como un concepto, en base a definiciones y alcances comerciales relacionados con valores definidos de inversiones, producto y costos para llevarla a un mercado consumidor estimado y transformarla en un negocio, viable y rentable.  Mientras eso no ocurra, una idea no vale nada, absolutamente nada.

 

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